Emilio Alberto Salvatierra, un amigo del pueblo armenio
Hay personas cuyo vínculo con un pueblo no nace de la sangre ni de la geografía, sino de una decisión consciente. Personas que, al conocer una historia, no se limitan a estudiarla, sino que asumen la responsabilidad que ese conocimiento implica.
Emilio Alberto Salvatierra es una de ellas.
Su relación con Armenia y con el pueblo armenio no responde a una coyuntura ni a una militancia circunstancial. Es el resultado de un camino sostenido en el tiempo, donde el conocimiento se transforma en compromiso, y el compromiso, en acción concreta.
La trayectoria de Emilio se apoya en una sólida formación orientada a los derechos humanos y a la memoria histórica. Es Procurador, cuenta con un Diploma en Enseñanza del Español como Lengua Segunda y Extranjera (UNSAM) y un Diplomado de Posgrado en Estudios de Genocidio y Crímenes de Lesa Humanidad (UNT).
A este recorrido se suman estudios específicos en Estudios Armenios, tanto en el Groningen Instituut voor Middle- en Oost-Europese Studies de la Universidad de Groningen (RUG) como en la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
Sin embargo, en su caso, el conocimiento nunca quedó encerrado en el ámbito académico. Para Emilio, estudiar el Genocidio Armenio y los crímenes contra la humanidad implica una pregunta inevitable: ¿qué hacemos hoy con lo que sabemos?
Esa pregunta encontró una respuesta concreta en 2023, cuando Emilio participó como voluntario de Cascos Blancos Argentina en la Misión Humanidad en Armenia, tras el desplazamiento forzado de la población armenia de Artsaj.
Allí, lejos de los libros y los discursos, el conocimiento se volvió experiencia directa. Familias que habían perdido sus hogares, ancianos que habían abandonado todo salvo su dignidad, niños marcados por el desarraigo. Emilio no llegó como observador externo, sino como alguien dispuesto a ayudar, escuchar y acompañar.
De esa experiencia surge una de sus convicciones más firmes:
la ayuda humanitaria no se mide solo en toneladas o cifras, sino también en presencia, escucha y cercanía humana.
En sus intervenciones públicas, especialmente en espacios universitarios europeos, Emilio ha mantenido una posición clara: lo ocurrido en Artsaj no puede entenderse como un episodio aislado ni como un simple conflicto territorial.
Desde su formación en estudios de genocidio y desde su vivencia personal en Armenia, ha señalado la continuidad histórica entre el Genocidio Armenio de 1915 y los mecanismos contemporáneos de exclusión, bloqueo, deshumanización y desplazamiento forzado.
Nombrar el genocidio, explicar sus patrones y denunciar el silencio internacional no es para él un gesto político oportunista, sino una obligación ética. Callar -sostiene- también tiene consecuencias.
Otro eje fundamental de su labor es la educación. En Argentina, Emilio ha participado en iniciativas destinadas a difundir el conocimiento del Genocidio Armenio entre jóvenes, convencido de que la memoria no es solo un ejercicio del pasado, sino una herramienta de prevención para el futuro.
En su visión, enseñar genocidio no es transmitir datos, sino formar conciencia crítica, empatía y responsabilidad ciudadana. La educación se convierte así en una forma activa de defensa de la dignidad humana.
Desde La Voz Armenia, este recorrido merece algo más que una descripción: merece agradecimiento.
Agradecimiento por estar cuando otros miran hacia otro lado.
Por unir conocimiento y acción.
Por tender puentes entre la diáspora armenia y Armenia.
Por recordar, con hechos y palabras, que la justicia histórica no es una causa ajena, sino una responsabilidad compartida.
Emilio Alberto Salvatierra no es armenio de nacimiento.
Pero su compromiso, su trabajo y su humanidad lo convierten, sin duda, en un amigo sincero del pueblo armenio y de Armenia.