Paolo Terenzi: El arte de la escucha interior
En la perfumería artística contemporánea, donde la velocidad y la visibilidad a menudo dictan las decisiones creativas, Paolo Terenzi representa un ritmo distinto: uno arraigado en el silencio, la memoria y la escucha interior. Enraizado en una profunda tradición familiar y guiado por una filosofía intensamente personal, su trabajo se erige como testimonio de una perfumería concebida no como producto, sino como un acto de autoría.
Las creaciones de Terenzi son reconocidas por su intensidad y estructura; sin embargo, lo que verdaderamente las define es su densidad emocional: fragancias que no buscan una aprobación inmediata, sino una resonancia a largo plazo. Independiente por convicción e intransigente en su visión, continúa dando forma a un cuerpo de obra que habla en voz baja, pero perdura.
En esta conversación con The Nosepress, Paolo Terenzi reflexiona sobre el silencio como necesidad creativa, la responsabilidad de la independencia artística y la perfumería como un lenguaje capaz de expresar aquello que las palabras no alcanzan.
Su proceso creativo suele comenzar a partir de una emoción, un recuerdo o un viaje interior. En un mundo cada vez más acelerado, ¿cómo protege ese espacio íntimo de silencio y escucha interior del que nacen sus creaciones?
Para mí, la creación comienza mucho antes del laboratorio. Comienza en el silencio. En un mundo acelerado, defiendo conscientemente ese espacio íntimo alejándome del ruido, de la urgencia, de las expectativas. Camino, viajo hacia dentro y permito que los recuerdos emerjan sin forzarlos. El silencio no es un lujo; es una necesidad. Sin escucha interior, una fragancia se convierte en un ejercicio. Con ella, se convierte en una revelación.
Sus fragancias son ampliamente reconocidas por su intensidad, estructura y fuerte carácter. ¿Cree que la perfumería contemporánea corre el riesgo de perder profundidad emocional en favor de la inmediatez?
La intensidad nunca debería sustituir a la profundidad. Creo que la perfumería contemporánea a veces corre el riesgo de priorizar la inmediatez y el impacto por encima de la intimidad. Una fragancia puede ser poderosa sin ser superficial. La verdadera profundidad emocional se revela lentamente, con el tiempo, sobre la piel. La perfumería no debería aspirar a impresionar de inmediato, sino a resonar de forma profunda y duradera.
A lo largo de su carrera ha construido una identidad olfativa sólida y reconocible. ¿Qué considera hoy más desafiante: crear un perfume técnicamente impecable o dotarlo de un alma capaz de perdurar en el tiempo?
El dominio técnico es esencial; es la base. Pero dotar a un perfume de un alma capaz de resistir el paso del tiempo es infinitamente más complejo. Un perfume técnicamente perfecto puede enseñarse; uno con alma debe vivirse. El verdadero desafío hoy es crear algo que continúe hablando, evolucionando y emocionando mucho después del primer encuentro.
La tradición familiar ocupa un lugar central en su universo creativo. ¿De qué manera el legado, la memoria y la historia personal siguen influyendo en sus decisiones artísticas?
La tradición familiar es mi arquitectura emocional. La memoria guía mis decisiones, a menudo de forma inconsciente. Mi historia personal —los rituales compartidos, los viajes, los relatos y las emociones— forma un hilo invisible que atraviesa cada creación. El legado no consiste en repetir, sino en honrar el pasado permitiéndole transformarse en algo nuevo. Mi trabajo es un diálogo entre quien fui, quien soy y quien estoy llegando a ser.
Muchas de sus creaciones funcionan como narrativas sensoriales completas. ¿Considera la perfumería un lenguaje capaz de transmitir ideas filosóficas, espirituales o profundamente emocionales?
Absolutamente. La perfumería es un lenguaje profundo y no verbal. Puede expresar filosofía, espiritualidad, anhelo, trascendencia. Una fragancia puede contener preguntas, no solo respuestas. Puede hablarle al alma allí donde las palabras no llegan. Por eso concibo el perfume como una forma de arte capaz de albergar un significado emocional y existencial profundo.
El mercado de la perfumería nicho ha experimentado un crecimiento notable en los últimos años. Desde su perspectiva, ¿qué responsabilidad tienen hoy los creadores consolidados frente a las nuevas generaciones de perfumistas?
En los últimos años hemos sido testigos del nacimiento de muchas nuevas marcas de perfume, a menudo impulsadas por la lógica del mercado más que por una necesidad artística. Hoy seguimos siendo la única casa italiana de perfumería artística verdaderamente independiente que no ha sido absorbida por grandes grupos corporativos. Esta independencia no es un eslogan; es una elección y una responsabilidad.
Nuestro objetivo nunca ha sido vender a cualquier precio, sino preservar nuestro legado familiar y seguir creando fragancias que expresen individualidad, autenticidad y emoción. No creo perfumes para seguir cifras o tendencias; los creo para hablarle a las almas.
Por eso nunca retiro una fragancia simplemente porque no tenga grandes ventas. Si incluso un pequeño número de personas se siente profundamente reflejado en ese aroma, entonces ha cumplido su propósito. Para mí, ese es el verdadero significado de la perfumería artística.
Nuestra responsabilidad hacia las nuevas generaciones es demostrar que la integridad es posible, que la alta calidad, la libertad creativa y la verdad emocional pueden existir sin compromisos. La perfumería debe seguir siendo un arte, no un producto desechable. Y el arte no pregunta cuánto vende, sino cuán profundamente resuena.
Si el perfume se definiera no como un objeto, sino como una experiencia humana, ¿qué cree que busca realmente una persona al elegir una fragancia creada por usted?
Cuando alguien elige una de mis fragancias, creo que está buscando conexión y el reconocimiento de algo profundamente personal. No solo belleza, sino verdad. Busca un aroma que refleje un estado interior, un recuerdo, un deseo o un momento de transformación. En ese sentido, el perfume no es un objeto para llevar, sino una experiencia para vivir.
The Nosepress agradece sinceramente a Paolo Terenzi esta conversación reflexiva y profundamente humana. En una época cada vez más dominada por la velocidad y la repetición, su voz nos recuerda que la perfumería aún puede ser un espacio de reflexión, autenticidad y verdad interior.
Le deseamos una continuidad creativa libre, claridad de visión y el coraje de preservar el silencio como fuente de creación, permitiendo que la fragancia siga siendo lo que siempre estuvo destinada a ser: una expresión viva del alma.