Abuso y continuidades de la Violencia contra las mujeres armenias.

Entre la Memoria y el Silencia.

Andrea Aghazarian, mujer argentina, de ascendencia armenia, licenciada en psicología, especialista en efectos del abuso sexual, problemáticas de género, fertilidad, identidad y diversidad cultural.

“Después del Abuso Sexual”, es un libro cuyo objetivo es llegar a todas aquellas personas que jamás pensaron en este flagelo, así como a las victimas y familiares.

La autora comparte sus propias experiencias con algunos de sus pacientes, expone tramos relevantes de los tratamientos, en los que aparecen los efectos del trauma y fundamentalmente la posibilidad de mejorar la calidad de vida. Ella comparte su conocimiento, sus reflexiones y su posición en este tipo de sufrimiento desde la intervención clínica.

Entre la Memoria y el Silencia.

Hablar del DESPUES, es hablar de lo que no siempre se ve. No se trata únicamente del hecho traumático, sino de las huellas que deja en la vida cotidiana, en los vínculos, en la identidad y en el modo en que una mujer vuelve o intenta volverá habitar su propio cuerpo.

Este enfoque permite mirar más allá del acontecimiento, y a comprender los procesos de silencio, culpa, memoria y reconstrucción que atraviesan las víctimas. En el caso de las mujeres armenias, esta mirada adquiere una dimensión aun mas compleja.

La violencia de género no puede analizarse de manera aislada de la historia política y social. Conflictos armados, desplazamientos forzados, tensiones geopolíticas y estructuras patriarcales persistentes configuran un escenario donde el cuerpo femenino ha sido espacio de dominación y control.

La violencia intima y la violencia colectiva dialogan entre sí.

Fusionar el enfoque post abuso con la realidad que viven muchas mujeres armenias permite comprender que el trauma no es no es solo individual, también es social.

El silencio no es psicológico, sino cultural. Sin embargo, justo a esa historia de dolor, emergen relatos de resiliencia, organización y reconstrucción.

Pensar en el después no es solo recordar la herida, sino visibilizar la fuerza con la que muchas mujeres transforman la violencia en memoria y la memoria en acción.

La autora destaca su interés en remarcar que la mayor parte de los abusos se produce en un contexto intrafamiliar, lo que hace muy difícil el desarrollo del mundo afectivo de la persona. Este abordaje, de mirar hacia adentro, la llevo a abordar las violencias intrafamiliares dentro del entorno armenio.

En sus palabras:

Motivada por un viaje a Armenia y el relato de las mujeres respecto a la violencia domestica que muchas sufren y de la lucha que vienen sosteniendo desde la época que no tenían legislación que imponga penas a la violencia contra las mujeres. Estas leyes fueron conquistas de las mujeres en Armenia, con un relativamente reducido acompañamiento de la diáspora. En particular teniendo en cuenta que la violencia domestica contra la mujer es violencia de genero y se traduce en violencia contra los niños, contra las diversidades, lo cual pone en riesgo a una parte importante de la sociedad. Sic.

Por ende, hablar de este tema no es simplemente mirar hacia el pasado, sino interpelar el presente.

Cuando esa experiencia se analiza a la luz de la realidad que atraviesan muchas mujeres armenias, queda claro que el trauma individual no ocurre en el vacío, se inscribe en el contexto histórico, político y cultural que pueden amplificar el silencio o, por el contrario, abrir caminos de transformación.

La violencia de género, ya sea en el ámbito domestico o en escenarios atravesados por conflictos y tensiones geopolíticas, no es un fenómeno aislado. Es parte de un entramado estructural que condiciona vidas, decisiones y oportunidades.

Sin embargo, reducir la narrativa únicamente al dolor, seria incompleto. En Armenia, las mujeres no solo sobreviven, sino que se organizan, denuncian, escriben, educan y reconstruyen comunidad.

El desafía entonces, no es solo reconocer la herida sino romper el silencio que la rodea. Porque el “despues” no debería significar resignación, sino memoria activa, justicia y transformación social.

Visibilizar estas realidades no es un gesto simbólico, es una forma de disputar el sentido del futuro.

Allí donde hubo imposición y silencio, también emerge memoria y resistencia. Y es en esa tensión entre herida y dignidad donde comienza la posibilidad real de transformación.