Identidad, territorio y comunicación en el mundo iberoamericano

Miguel Ángel González Suárez y la memoria cultural de la gastronomía

La gastronomía no vive únicamente en los fogones. Vive en la palabra, en la mirada, en la capacidad de contar lo que somos a través de lo que comemos. En este cruce entre cultura, identidad y comunicación se sitúa la trayectoria de Miguel Ángel González Suárez, recientemente reconocido por la Academia Iberoamericana de Gastronomía por su aportación decisiva a la difusión de la cultura gastronómica iberoamericana.

Miguel Ángel González Suárez y la memoria cultural de la gastronomía

El reconocimiento no responde a un hecho puntual, sino a una forma sostenida de entender el periodismo: como servicio cultural, como responsabilidad histórica y como puente entre territorios. En un tiempo marcado por la inmediatez y la superficialidad informativa, su trabajo ha defendido una mirada profunda sobre la gastronomía, tratándola como un patrimonio que se transmite, se protege y se explica.

Desde su posición al frente de FIJET España, González Suárez ha impulsado una visión en la que la gastronomía deja de ser un mero atractivo turístico para convertirse en un lenguaje cultural completo. Un lenguaje que habla de paisaje, de historia, de comunidad y de memoria colectiva.

Bajo esta perspectiva, la cocina iberoamericana no se presenta como un conjunto de recetas, sino como un mapa vivo de identidades compartidas. Cada producto, cada técnica y cada tradición culinaria se convierte en una forma de narrar quiénes somos y de dónde venimos.

El periodismo especializado en gastronomía cumple hoy una función que va mucho más allá de la crónica o la recomendación. Es una herramienta de preservación cultural. Contar bien la gastronomía significa proteger saberes ancestrales, dar voz a productores locales, visibilizar territorios y evitar que la diversidad culinaria se diluya en discursos globales homogéneos.

En este contexto, la labor de González Suárez ha sido clave para situar la gastronomía iberoamericana en un espacio de respeto, análisis y proyección internacional, siempre desde una mirada ética y culturalmente consciente.

La distinción otorgada por la Academia no solo honra una trayectoria personal. Reconoce también el valor del periodismo cuando se ejerce con rigor, sensibilidad y visión a largo plazo. En manos responsables, la comunicación se convierte en una forma de custodiar el patrimonio inmaterial de los pueblos.

Que este reconocimiento recaiga en un periodista especializado subraya una idea esencial: la cultura gastronómica necesita ser contada con la misma seriedad que cualquier otra expresión cultural mayor. Necesita contexto, profundidad y compromiso.

Para el mundo iberoamericano - y para sus diásporas- este reconocimiento es una señal clara: la gastronomía sigue siendo uno de los vínculos más sólidos entre territorios, generaciones y culturas. Y quienes trabajan para comunicarla con honestidad y conocimiento desempeñan un papel silencioso pero fundamental.

La trayectoria de Miguel Ángel González Suárez recuerda que el periodismo, cuando se ejerce con conciencia cultural, no solo informa: construye memoria.