La intensidad del barítono armenio marca una nueva lectura de la ópera de Giordano en la 59ª temporada

Gevorg Hakobyan da vida a la revolución interior de “Andrea Chénier” en Las Palmas

El elenco de ‘Andrea Chénier’ en el escenario del teatro Pérez Galdós. / QUIQUE CURBELO

En el marco de la 59ª temporada de ópera de Teatro Pérez Galdós, la puesta en escena de Andrea Chénier ha regresado con una fuerza particular: la de una obra que, más allá de su fidelidad a la partitura de Umberto Giordano, encuentra en sus intérpretes una dimensión profundamente humana.

 

En esta ocasión, la producción -ambientada en los años más convulsos de la Revolución Francesa- se presenta como un ejercicio de equilibrio entre rigor musical y tensión dramática. Sin embargo, es en la figura del barítono armenio Gevorg Hakobyan donde la obra encuentra su eje emocional más sólido.

La llegada de Hakobyan a Las Palmas no estaba inicialmente prevista. Su incorporación, apenas unos días antes del estreno, como sustituto en el papel de Carlo Gérard, podría haber sido un desafío. Pero sobre el escenario, esa urgencia se transforma en una presencia magnética, cargada de convicción y profundidad.

Su Gérard no es simplemente un personaje dentro de la narrativa revolucionaria: es un hombre atravesado por contradicciones, por la lucha entre ideales y emociones, entre justicia y deseo. Hakobyan logra construir una interpretación que evita el exceso, apostando por una intensidad contenida, casi íntima, que crece a lo largo de la obra.

Dentro del triángulo central de la ópera -junto al poeta Chénier y Maddalena-, Carlo Gérard representa la transformación social y moral de una época. En manos de Hakobyan, este rol adquiere una dimensión especialmente compleja: no es un antagonista clásico, sino una figura profundamente humana.

Su línea vocal, firme y expresiva, encuentra en el verismo de Giordano un terreno ideal. La musicalidad se convierte en discurso dramático, y cada frase parece sostener el peso de una conciencia en conflicto.

En escena, comparte protagonismo con figuras de primer nivel como Piotr Beczała y Maria Agresta, bajo la dirección musical del maestro Daniel Oren. El resultado es una interacción escénica de gran densidad emocional, donde cada personaje se define tanto por su voz como por su silencio.

Gevorg Hakobyan

En conversación con La Voz ArmeniaHakobyan comparte las sensaciones que acompañan este debut inesperado:

 

¿Con qué emociones llega a este teatro antes de su debut?

«He llegado a Las Palmas hace apenas unos días para sustituir al intérprete de Carlo Gérard. Estoy feliz de tener la oportunidad de debutar en este hermoso teatro, rodeado de una naturaleza extraordinaria. En general, trabajar en teatros españoles es un verdadero placer para mí. He tenido la suerte de actuar en el Palau de les Arts Reina Sofía, el Gran Teatre del Liceu y el Teatro Real. En todos ellos me siento como en casa, y el Teatro de Las Palmas de Gran Canaria no es una excepción».

El barítono subraya también la importancia de compartir escenario con artistas a los que admira profundamente, recordando su colaboración con figuras como Plácido Domingo o Carlos Álvarez, y destacando el nivel excepcional de la tradición vocal española.

 

¿Qué significa para usted el papel de Carlo Gérard y cómo lo presenta al público?

«Gérard es uno de mis roles favoritos, lleno de sentimientos nobles y de una gran riqueza musical. Por las características de mi voz, a menudo interpreto personajes más oscuros, y Gérard es una agradable excepción. Es un verdadero personaje verista, con una profunda devoción por su patria, debilidades humanas y conflictos internos entre lo correcto y lo incorrecto, además del sufrimiento de un amor no correspondido».

Hakobyan insiste en el carácter profundamente humano del personaje, cuya música -al igual que toda la ópera- define como “simplemente magnífica”. La obra, añade, resulta especialmente atractiva por su dramatismo y por la intensidad de sus tres protagonistas.

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Lejos de ser una simple recreación histórica, esta Andrea Chénier dialoga con el presente a través de sus temas: la justicia, el poder, la transformación social y los dilemas morales. En este contexto, la interpretación de Gevorg Hakobyan no solo sostiene la estructura dramática de la obra, sino que la impulsa hacia una lectura más introspectiva.

Su Gérard no grita: piensa, duda, siente. Y en ese gesto, aparentemente contenido, se encuentra la verdadera revolución de esta producción.