La educación como puente entre las raíces y el futuro
En un mundo donde la innovación tecnológica y la globalización transforman constantemente la forma de aprender, la educación infantil adquiere un papel más relevante que nunca. En Tianjin, Yinghua Educational Organization se ha consolidado como uno de los proyectos educativos más reconocidos de la región, acompañando a los estudiantes desde el jardín de infancia hasta la educación secundaria con una filosofía que integra la tradición cultural china y una visión internacional.
Mariam Manucharyan conversó con Audrey Qiu, líder de Yinghua Educational Organization, sobre los orígenes de la institución, la importancia de la educación en la primera infancia, los desafíos del futuro y la misión de formar nuevas generaciones preparadas para desenvolverse en un mundo cada vez más conectado.
Yinghua Educational Organization cuenta hoy con programas desde el jardín de infancia hasta la educación secundaria en Tianjin. ¿Cómo comenzó este importante proyecto y por qué decidió empezar precisamente por la educación infantil?
La historia de Yinghua comenzó hace más de veinte años, impulsada por una convicción sencilla pero profunda: la educación es el regalo más valioso que podemos ofrecer a un niño, y ese regalo debe comenzar desde los primeros años de vida. En aquel momento observé que muchas familias buscaban una educación que estuviera profundamente arraigada en la cultura china y, al mismo tiempo, abierta al mundo, pero existían muy pocas opciones capaces de equilibrar ambos aspectos.
Por eso decidí empezar por el jardín de infancia. La primera infancia constituye la base sobre la que se construyen el carácter, la curiosidad y el amor por el aprendizaje. Si esa etapa se desarrolla correctamente, todo el recorrido educativo posterior —la escuela primaria, secundaria y el bachillerato— será mucho más sólido.
Lo que comenzó como un único jardín de infancia se ha convertido hoy en un sistema educativo completo porque nuestra visión nunca ha cambiado: formar niños orgullosos de sus raíces y preparados para desenvolverse con confianza en un mundo global.
¿Cómo logran preservar los valores tradicionales chinos y, al mismo tiempo, preparar a los niños para convertirse en ciudadanos globales dentro de sus programas internacionales?
Para nosotros, estos dos objetivos no son opuestos; son inseparables.
Los valores chinos forman parte de la vida cotidiana de nuestros alumnos. Los niños practican caligrafía, celebran las festividades tradicionales, aprenden el respeto y la gratitud mediante actividades diarias y descubren la historia y la riqueza de la cultura china. No se trata simplemente de enseñar valores, sino de permitir que los vivan y los experimenten.
Al mismo tiempo, los preparamos para ser ciudadanos del mundo ampliando su visión, fomentando la comunicación en distintos idiomas y enseñándoles a comprender y respetar otras culturas.
Lo más importante es que comprendan que no tienen que elegir entre ser profundamente chinos o tener una perspectiva internacional. Precisamente son sus propias raíces las que les proporcionan la seguridad necesaria para relacionarse con el mundo.
¿Cómo cree que evolucionará la educación infantil con el desarrollo de la tecnología, la inteligencia artificial y la globalización? ¿Qué habilidades considera esenciales para preparar a los niños para el futuro? ¿Cuáles son sus objetivos para el desarrollo del jardín de infancia y de sus alumnos?
La tecnología y la globalización están transformando el mundo a un ritmo extraordinario, pero creo que la esencia de la educación infantil nunca cambiará: consiste en cultivar las relaciones humanas, la curiosidad y la bondad.
La inteligencia artificial y las herramientas digitales pueden convertirse en excelentes recursos educativos. Despiertan el interés por aprender, ayudan a los docentes a ofrecer una atención más personalizada y acercan a los niños al mundo. Sin embargo, nunca podrán sustituir la sonrisa de un maestro, el juego libre o el valor insustituible de la interacción humana.
Las competencias más importantes que deberán desarrollar los niños no serán únicamente técnicas, sino profundamente humanas: la creatividad, el pensamiento crítico, la empatía, la capacidad de adaptación y, sobre todo, el deseo permanente de aprender. Son esas cualidades las que les permitirán afrontar cualquier cambio que traiga el futuro.
En cuanto a nuestro jardín de infancia, deseo que siga siendo un lugar donde cada niño se sienta querido, comprendido y valorado; continuar perfeccionando un modelo educativo que combine armoniosamente la tradición china con una visión internacional; y formar niños seguros de sí mismos, generosos y preparados para afrontar el futuro.
Mi mayor esperanza es que nuestros alumnos no solo salgan preparados para la escuela, sino también para la vida: con una mente abierta, un corazón generoso y el valor de ser ellos mismos.
¿Qué experiencias han influido más en su filosofía de liderazgo como mujer emprendedora y referente en el ámbito educativo? ¿Podría compartir un momento de su trayectoria que le recordara el verdadero significado de la educación?
Mi forma de liderar se basa en la empatía, la resiliencia y el ejemplo personal.
Desde muy joven comprendí cómo la educación podía transformar vidas. Más tarde, como madre y educadora, descubrí que los mejores líderes no son quienes simplemente dirigen, sino quienes saben escuchar, cuidar y ayudar a crecer a los demás.
A lo largo de mi trayectoria he afrontado numerosos desafíos, y cada uno de ellos me enseñó la importancia de permanecer fiel a mis principios y de liderar siempre con humanidad y amabilidad.
Hay muchos momentos que me recuerdan por qué elegí esta profesión, pero uno permanece especialmente vivo en mi memoria. Una antigua alumna regresó a visitarnos quince años después de haber dejado nuestro jardín de infancia. Ya era estudiante universitaria y me dijo: «Todavía recuerdo cómo mi profesora me permitió ser yo misma cuando era una niña tímida y cómo usted siempre nos decía que podíamos llegar a ser aquello que soñáramos».
Aquellas palabras me emocionaron profundamente. No hablaban de notas ni de exámenes, sino del impacto silencioso y duradero que pueden tener el afecto y la confianza depositados en un niño.
Ese es, para mí, el verdadero sentido de la educación: no solo enseñar conocimientos, sino ayudar a cada niño a descubrir quién puede llegar a ser.
En su opinión, ¿cuál es el papel más importante de un jardín de infancia internacional en el mundo actual?
Creo que un jardín de infancia internacional debe convertirse en un puente.
Un puente entre las raíces de cada niño y el mundo; entre la tradición y la innovación; entre el juego y el aprendizaje con propósito.
No se trata únicamente de enseñar inglés o de presentar otras culturas, sino de crear un entorno seguro, alegre y enriquecedor donde los niños puedan crecer como personas seguras de sí mismas, curiosas y compasivas.
Un buen jardín de infancia internacional ayuda a los niños a comprender que pertenecen tanto a su propia cultura como a una comunidad global, y que la amabilidad y el respeto son lenguajes universales capaces de unir a las personas.
Sabemos que colaboran con instituciones educativas de distintos países. ¿Qué modelos internacionales de educación infantil inspiran más el trabajo de su jardín de infancia y por qué?
Aunque mantenemos intercambios educativos con instituciones de numerosos países, existen dos enfoques que influyen especialmente en nuestro proyecto pedagógico: el método Montessori de Italia y el aprendizaje basado en proyectos desarrollado en Estados Unidos.
La pedagogía Montessori nos inspira a fomentar la autonomía de los niños mediante materiales sensoriales y espacios de trabajo libre, ayudándoles a desarrollar la concentración, la independencia y la responsabilidad.
Por su parte, el aprendizaje basado en proyectos aporta una metodología centrada en la investigación y la exploración de situaciones reales, favoreciendo el trabajo en equipo, la creatividad y el pensamiento colaborativo.
Combinamos de forma natural estas metodologías internacionales con la realidad educativa china y con nuestra práctica cotidiana.
Al mismo tiempo, nunca perdemos de vista nuestras propias tradiciones educativas. Tomamos lo mejor del mundo, pero siempre lo adaptamos a nuestros niños, a nuestra cultura y a nuestros valores.
Nuestro objetivo nunca ha sido copiar modelos extranjeros, sino construir una educación propia, equilibrada y llena de alegría, pensada específicamente para los niños de Tianjin.
Para finalizar, ¿hay algún mensaje que le gustaría compartir con nuestros lectores?
A todos los padres, educadores y a quienes creen en el futuro de los niños, quisiera decirles una cosa: nunca subestimen el valor de la primera infancia.
Estos primeros años no solo preparan a los niños para la escuela; construyen los cimientos de toda una vida de felicidad, confianza y amor por el aprendizaje.
Sean pacientes con sus hijos y también con ustedes mismos. Cada niño es único y merece crecer respetando su propio ritmo.
En Yinghua seguiremos recorriendo este camino junto a las familias, convencidos de que, trabajando unidos, podemos ofrecer a cada niño el mejor comienzo posible para su vida.